jueves, septiembre 27, 2007

A cuchillazos por la espalda

Hace unos días me junté con un amigo del gremio en uno de esos locales de José Miguel de la Barra; en uno ubicado en la vereda menos gay, para ser más preciso, ya que a los dos nos gusta mantener el “bajo perfil” (si es que eso es posible, siendo dos hombres disfrutando de un té en el Forestal).
En un momento fui al baño, y cuando salgo me encuentro a boca de jarro con otro conocido del chat con quien me junté una vez y hemos conversado otro tanto por msn. Todo bien hasta ahí; nos saludamos, yo continué mi camino a la mesa, mientras él procedía a ingresar al lavabo.
En eso veo que mi amigo está pagando la cuenta en el mesón y me hace señas para que rápidamente salgamos del local.
“Acaba de entrar un tipo que no soporto”, me dijo para explicar su comportamiento, mientras apresuraba el paso para alejarse del café. Yo lo seguía mientras, entre una serie de comentarios poco elogiosos hacia la persona que acaba de ver, me doy cuenta que está hablando del mismo sujeto que me saludó hace un momento.
Preferí quedarme callado y no decir que yo también conocía al personaje en cuestión –lo que me ratifica que si Santiago es un pañuelo, el mundo gay es una servilleta-, mientras trataba de entender por qué mi amigo parecía estar tan disgustado. Supongo que hubo una mala experiencia de por medio, y aunque reconozco que tenía curiosidad por saber más del asunto, opté por no averiguar. Seré curioso, pero también soy respetuoso de la privacidad de los demás.
El punto de todo este cuento, es que esa experiencia me reafirmó algo que parece que es muy común en el mundo gay: esa mala onda o mala leche que a veces se da entre los asociados a la isapre. Eso como de acuchillarse por la espalda, de hacerse malas jugadas, de andar inventando cosas unos de otros, en fin, les he escuchado esta misma crítica a varias personas, así que imagino que saben a qué me refiero.
Porque obviamente ahora siento que ese tipo que me saludó no es de trigos muy limpios. Y ésa es una de las situaciones que más me incomodan: no poder confiar cabalmente en las otras personas.
A ver, para ser justos, no creo que esta crítica se remita a una conducta exclusiva de gaylandia, ni digo que sea la norma, pero convengamos en que por las características del gremio –un tanto cerrado, por circunstancias obvias- como que este fenómeno se da más concentrado, o se nota más (elija usted señor lector).
No pretendo dármelas de santo tampoco. Yo también he caído en tonteras del tipo “oye, me caes súper bien, estemos en contacto” para luego olvidarme completamente del personaje, o bien pelar a algunos amigos (aunque ello saben que lo hago, porque se los he dicho).
Pero nunca he caído en acciones que busquen con toda intención y/o alevosía perjudicar o definitivamente dañar a otros.
Y puedo decir que afortunadamente nunca antes me tocó conocer o tratar en forma cercana a personas así. Mis amigos de infancia y de universidad –un mundo bastante protegido, debo reconocer- siempre fueron y son personas correctas y buenas. Por eso este otro escenario, que parece que es más común y que –reitero- no se circunscribe exclusivamente al entorno gay, pero es aquí es donde me ha tocado verlo ahora con más frecuencia, me descoloca.
Hasta aquí dejo el asunteque, pero queda la pelota dando bote.

10 Comments:

Blogger Perdido said...

Hola
Me ha pasado tambien eso de coincidir en contactos y escuchar opiniones por decirlo menos, lamentables respecto a otro.
Eso muestra que no hay de quien fiarse, claramente.

Me gusto tu blog, pasare seguido por aqui

11:39 p. m.  
Blogger Ya no me enganas, descubri tu blog said...

qué triste...
bueno, yo no creo que mis terapeutas sean santos, pero sí creo que son personas con valores y bien intencionadas...
lamentaría mucho que me hicieran un mal comentario de alguno de ellos...
un amigo no-blogger es enfático al decir que siempre va a salir a defender a sus amigos cuando alguien más habla mal de ellos. yo lo considero un gesto leal. sin embargo, al mismo tiempo, me queda la duda si es prudente, porque nadie es santo, todos pecamos, todos traicionamos nuestros principios en algunas ocasiones, o al menos la mayoría, o al menos eso creo. entonces yo lo que haría sería conversar con mi amigo y comentarle sobre lo que escuché, para ver qué me dice. sería algo difícil, pero creo que así lo haría, y sería la única forma de que la confianza que tengo en él no se viera reducida. hay que aclarar las cosas. si fue un comentario sin fundamento, o si fue un error de mi amigo, lo que sea, que quede claro. así se mantiene y se incrementa la confianza.

saludos

12:13 a. m.  
Blogger J. said...

No he pensado a que se deberá, tal vez por el hecho mismo de ser un mundo del porte de una servilleta (de esas del rápido), creo que el mismo efecto se da en los colegios, otro mundo cerrado y pequeño, además adolescente, lo cual no difiere de nuestro mundillo que al estar tan encerrado se desenvuelve con poca gracia, por la falta de sociabilidad y naturalidad.

Esa podría ser una buena pista

Slds

8:33 a. m.  
Blogger Feñizio said...

Ojo que las mujeres igual son super buenas para hablar mal de sus pares.
Me imagino que se de debe a la envidia que sienten algunos hacia otros.
Oye, si me dices que santiago es un pañuelo y que el ambien gay de allá es una servilleta, imagínate como es el asunto aquí en esta ciudad tan requetechica.

Saludos

9:06 a. m.  
Blogger Julius said...

Yo no creo que se trate de algo que pase sólo en lo que llamas “mundo gay”. Yo lo veo en el trabajo, entre la gente hetero, los hombres, las mujeres, etc.
Somos muy cínicos a veces, y el pelambre es un deporte nacional.
Ahora, eso de que alguien no es “de los trigos muy limpios” es un impedimento para llegar a tenerlo de amigo?? Al menos yo, me moriría del aburrimiento al tener puros amigos “buenos y correctos”. Hay que tener el techo de vidrio blindado para ser tan selectivo, mi querido Remus.

JUL.

11:06 a. m.  
Blogger Pablillous said...

no estoy muy de acuerdo mi queridisimo Remus. Creo que el pelambre y la mala onda son patrimonios humanos, no del mundo gay. Creo eso si que la discrecion y el recato escasean en todas partes.
De los comentarios que te dejaron me quedo con dos cosas. Alguien dijo algo de defender a sus amigos si los estan pelando, eso me parece un asunto de lealtad basica.
Y de loq ue dijo Julius. Remusin, los amigos de trigos no tan impecables son de lo mas divertidos
je je

7:25 p. m.  
Blogger Blefaroplastía said...

Dos cosas se me ocurren:
La primera, tanto pós y sin siquiera saber el pecado del tipo ese. Soy violentamente más copuchento que tu. Yo creo que sabí, pero te haci el leso.

Segunda, mi mundo gay es tan chico como una pepita de ají. Así que dificilmente podría generalizar. Yo creo que la custión es más bien universal y no privativo de la Maricocracia.

(sobre esto último, si se cumple eso de que entre un hombre y una mujer no puede haber amistad por la cosa del sexo, de más que entre dos colas tampoco, de ahí a lo mejor la custión en caso de ser verdad)

Eso

B.

10:20 p. m.  
Blogger el doc said...

Es algo que lamentablemente pasa, y pasa en todos lados. Lamentablemente no hay mucho que hacerle, pero te deja pensando, no?

11:25 a. m.  
Blogger GATO ROMANO said...

La gente es PENCA sin distingo de raza, credo, ideología y condición sexual.

9:04 p. m.  
Blogger mundo hundido said...

hola hace mucho q no entraba acà.

eso es lo bueno de ser un misàntropo asumido, la gente es como la mierda y no hay nada para remediarlo. y si, los gays heredaron lo peor de las mujeres, menos mal que no todos, he conocido personas decentes.

¿por què parece ser que ser gay està asociado con envidiarse como perras unos a otros?

chau

11:44 p. m.  

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